domingo, 4 de junio de 2017

Otra crónica de Buenos Aires

Otra crónica de Buenos Aires: Avenida Corrientes, “la calle que nunca duerme”.

Charlone y Av. Federico Lacroze, una esquina bastante oscura; lo que más ilumina son las grandes vidrieras del Café Martínez, que está lleno de gente.
Por suerte el taxi me vio, así que me subí y salimos.
En el cruce de Lacroze y Fraga pasamos por el café y museo de fotografía “Bar Palacio y Museo de Fotografía Simik”. Sí, las paredes del café están recubiertas de armarios vidriados que en su interior muestran una colección importantísima de cámaras fotográficas de distintas épocas, todavía no fue declarado “bar notable”, pero sí “lugar de interés cultural”. Allí se reúnen fotógrafos y se dan cursos y charlas sobre fotografía, está abierto de Lunes a Sábado de 8 a 24hs.

Bar "Palacio" y Museo de Fotografía Simik

Bar "Palacio" y Museo de Fotografía Simik

Avanzamos unas cuadras más y llegamos al frente de la estación Federico Lacroze, terminal del Ferrocarril General Urquiza, un edificio moderno y muy chico con respecto a otras estaciones terminales como Constitución (terminal del Ferrocarril Julio A. Roca). En su interior tiene los negocios típicos: una farmacia, una diarería, un kiosko, un local de lotería y un café; este último muy pequeño, pero con un muy buen café, se llama “El Porteño”.
Frente a nosotros, y antes de girar a la izquierda para tomar Av. Corrientes, se ve la entrada al Cementerio de la Chacarita, iluminado a esas horas con luces incidentales, lo que le da un aspecto todavía más tétrico. De los tres cementerios que tiene la ciudad de Buenos Aires, éste es el más grande: aproximadamente 1Km cuadrado, y contiene en su interior al Cementerio Británico y al Cementerio Alemán. También es un sitio donde descansan muchas figuras emblemáticas de la argentina: Carlos Gardel, el actor Alfredo Alcón (y muchos otros en el Panteón de la Asociación Argentina de Actores); los escritores Roberto Arlt, José Ingenieros, Evaristo Carriego, Alfonsina Storni; los pintores Antonio Berni, Benito Quinquela Martín, el artista plástico León Ferrari; los corredores de fórmula I Juan Manual Fangio, Oscar Gálves y su hermano Alfredo; el presidente Juan Domingo Perón; el boxeador Oscar Natalio “ringo” Bonavena; los compositores Enrique Cadícamo, Enrique Santos Discepolo, Homero Manzi y otros; el premio Novel Bernardo Houssay; el aviador Jorge Newbery; el cantante español Miguel de Molina; uno de los capos del Rock Nacional: Norberto “Pappo” Napolitano, etc., etc., etc.
Y por fin llegamos a Corrientes, la avenida más importante de la ciudad de Buenos Aires; casi 70 cuadras de negocios ininterrumpidos, uno al lado del otro, de ambas manos, y de todos los rubros imaginables.
Lo primero, a la derecha, es el Parque Los Andes (ubicado entre Jorge Newbery y Dorrego), de alrededor de tres manzanas y cortado a la mitad por la calle Concepción Arenal. A esa altura de la noche (las 19hs. en otoño), los esqueletos de metal de los puestos de artesanos parecen la osamenta de un animal dormido.
Una vez que cruzamos Dorrego ya estamos en el barrio de Villa Crespo. A mitad de cuadra está la estación Chacarita del Ferrocarril General San Martín, casi pegada al Club Atlético Atlanta, y con los negocios característicos que hay en las cercanías de las estaciones: pequeñas parrillas al paso y negocios para “buscas”. Por suerte la barrera no nos detuvo.
Un par de cuadras más adelante nos cruzamos con la Av. Juan B. Justo, esquina que se inundaba mucho cuando había una lluvia fuerte, porque se desbordaba el entubamiento del arroyo Maldonado que corre debajo de la avenida.
Los negocios más tempraneros ya están cerrando, así que las cuadras van oscureciéndose de a poco y la cantidad de gente que circula es menor.
Y estamos en el barrio de don Osvaldo Pugliese, pianista, compositor y director de una de las orquestas de tango más importantes de Buenos Aires. En 1985, para festejar su cumpleaños 80, su orquesta tocó en el Teatro Colón (esos años Cecilio Madanes era el director del teatro), un lugar reservado hasta ese momento solo para la música clásica y el ballet. Recuerdo que la única vez que lo vi en vivo fue en el anfiteatro del Parque Lezama en el ciclo de recitales al aire libre organizados por la secretaría de cultura del gobierno de Raúl Alfonsín, a cuyo frente estaba el dramaturgo, novelista y cineasta Carlos Gorostiza.
Justo en la esquina de Corrientes y Malabia, una manzana en forma de triángulo divide como una cuña a la Av. Corrientes en dos, la avenida tuerce levemente hacia la izquierda mientras que a la derecha comienza la calle Luís María Drago que conduce directo al Parque Centenario y al Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. En la esquina vértice que divide Corrientes hay un busto de Don Osvaldo y una representación en miniatura de un escenario con su orquesta de tango, obviamente fue declarado vecino ilustre del barrio.

Busto de Osvaldo Pugliese y representación de su orquesta



En casi todas las esquinas de Corrientes nos encontramos con un bar, un café, un restaurant o una pizzería que todavía permanecen abiertos, y algunos de ellos a capacidad completa.
Cinco cuadras más y llegamos al barrio de Almagro, otro barrio tanguero por excelencia. Ahora ya son más los negocios que van cerrando, pero todavía sigue mucha gente circulando y haciendo compras de último momento. Y esta parte de Corrientes, más precisamente la zona de Corrientes y Francisco Acuña de Figueroa, es conocida como la “zona de las flores”, porque precisamente en Acuña de Figueroa, entre Corrientes y Sarmiento, se hallaba el “Mercado de Flores de Buenos Aires”. Cuando el mercado cerró, muchos puesteros alquilaron locales en los alrededores para continuar con el rubro.
Seguimos un poco más adelante y, cruzando Gallo, ya estamos en el barrio de Balvanera. De pronto, entre Agüero y Anchorena, nos encontramos con un edificio imponente, mezcla de Art Decó estilo escocés y brutalismo: el célebre “Mercado de Abasto de frutas y verduras de Buenos Aires”, que cerró sus puertas definitivamente en Octubre de 1984. El Concejo Deliberante de la democracia lo declaró patrimonio cultural de la ciudad de Buenos Aires en 1985 para evitar que fuera demolido y en los años 90 se transformó en el Shopping Abasto.

Ex Mercado de Abasto y su imponente arquitectura



Recuerdo que, a veces, mi papá iba con mi tío Eduardo (cuando tenían la fábrica de pastas frescas “La pontiga”, ubicada en Av. Belgrano y Pichincha), a comprar allí la verdura para hacer los rellenos de las pastas. Él me contaba que en los sótanos existían secaderos de bananas y que había que tener cuidado porque a veces, por entre las bananas, salía alguna araña de tamaño considerable. Esto fue reflejado en la película Mercado de Abasto del director Lucas Demare, estrenada en 1955, con los inigualables Tita Merello, Pepe Arias, Juan José Míguez  y Pepita Muñoz, como protagonistas (película donde trabajó como ayudante de iluminación el papá de Teresa).
Esta también es la zona donde vivió Carlos Gardel y donde se inició como cantante; más precisamente en el bar O´Rondeman, en la esquina de Agüero y Humahuaca, donde cantó por primera vez. Si las cuadras anteriores empezaban a oscurecerse con los negocios ya cerrados, en esta zona vuelve la luz y el bullicio, no solamente por el shopping sino también por la explosión de bares y cafés que se abrieron en los alrededores.

Carlos Gardel fileteado en la estación de subte que lleva su nombre y que comunica directamente con el Shoping Abasto

Varias cuadras más adelante vuelve la quietud, ya estamos en la zona de la Av. Pueyrredón, lugar denominado popularmente como “El Once”, porque la zona tomó el nombre de la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento, “11 de Septiembre”. Los rubros predominantes de los negocios son las telas, la ropa, los trajes de novia y el cotillón, y aparecen algunas galerías comerciales. La mayoría de los negocios ya están cerrados así que le gente que circula es poca y la calle se oscurece bastante. Si seguimos un poco más, ya llegamos al microcentro.
Entre Riobamba y Callao, sobre la mano izquierda, se ubica el Pasaje Enrique Santos Discépolo, una callejuela con forma curva que va exactamente de la esquina de Riobamba y Corrientes, a la de Lavalle y Callao, atravesando una manzana en diagonal. Allí funciona el teatro “El picadero”, que fue reabierto en el 2012. El antiguo teatro “Del Picadero” había comenzado sus actividades a principios de la década del 80, y fue sede durante 1981 del ciclo “Teatro Abierto” que se enfrentó a la dictadura; “misteriosamente” el teatro se incendió una noche de ese mismo año.

Pasaje Enrique Santos Discepolo

Y así llegamos finalmente a Callao y Corrientes, comienzo del “microcentro”, pero esta parte de Corrientes la dejamos para la próxima.
Para terminar, y ya que hablamos de Don Osvaldo Pugliese y su orquesta, y como Corrientes fue la calle por la que el tango fue ingresando desde los barrios al centro de la ciudad, vamos a escuchar al “Maestro” en el Teatro Colón.
Lamentablemente, como muchas otras cosas, orquestas de tango maravillosas como estas, ya no existen en la ciudad de Buenos Aires.







2 comentarios:

  1. Maravillosa semblanza. Me encantan estos relatos. Yo aprendí a vivir Buenos Aires con vos.

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