domingo, 22 de enero de 2017

La casa vasca o “etxe”

Según la concepción tradicional vasca, los vascos se hallan ligados a su casa o “etxe”. Muchos apellidos pertenecientes a esta cultura, están compuestos por la palabra etxe. Mi apellido, por ejemplo: Echeverría, en euskera (el idioma vasco), se escribe Etxeberria, el cual se desdobla en las palabras: etxe (casa) y berria (nueva).
La etxe es tierra, albergue, templo, cementerio, soporte material y centro común de miembros vivos y difuntos de la familia. Es la comunidad formada por los actuales moradores y por los antepasados.
Alrededor de la etxe se desarrollaron, durante siglos, los principales modos de vida de este pueblo; expresados en los fueros y en las costumbres. Y se desarrolló todo el sistema mitológico y religioso que establece y asegura la comunión de los vivos y los muertos.

Casa moderna de estilo tradicional vasco

La etxe es templo.
Porque es un lugar sagrado protegido por: el fuego del hogar, el laurel, las ramas del espino albar o del fresno, por la flor del cardo silvestre —símbolo solar—, por el hacha y la hoz dotadas de poderes místicos.

Flor de cardo clavada a una puerta

Y también porque es morada de los espíritus de los antepasados o lugar visitados por estos, por la perenne ofrenda de luz que se enciende a las almas, por las ofrendas de comestibles que se dejan en las repisas exteriores de las ventanas como tributo para los difuntos de la casa, porque la edificación misma está orientada para que su entrada principal mire hacia el Este (sitio por donde sale el Sol), y por ser antiguo cementerio familiar.

Cocina en el Caserío Museo Igartubeiti

El Yarleku es el lugar sagrado que cada casa tiene asignado en la iglesia parroquial. Es considerado como una prolongación de la casa y como parcela integrante e inseparable de la misma. Un lugar donde se recitan y cantan responsos litúrgicos, y donde se ofrendan velas y comestibles para los difuntos de la casa. Tanto allí, como en el hogar, se invoca a los difuntos para que asistan a los vivos en sus necesidades. Así, el Yarleku aparece como una adaptación de viejas costumbres a la liturgia cristiana.
Existía también la costumbre de que cuando el heredero de una casa se casaba, el cónyuge debía incorporarse al hogar y entrar en comunión con los antepasados, ofrendando velas y panes en el yarleku de la casa. Se cree que en la antigüedad, esto se hacía en la misma casa.

Uno de los tipos de caserío tradicional vasco




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